Ahora toca aprender a vivir con ello y no mirar atrás con remordimiento, sino con orgullo. Haber llegado hasta aquí es lo importante, aunque eso haya significado abandonar Nunca Jamás. Hasta pronto, Peter; guarda nuestras aventuras y sueños infantiles. No quiero que me sigas en este camino, todo aquello pertenece ahora a los recuerdos, y los recuerdos son lo único que permanece inmutable en la senda del tiempo que me ha tocado recorrer.
Porque yo tengo que seguir adelante para que ella se pueda quedar allí, contigo. Llevármela sería una tragedia. Sería renunciar a mi infancia.
Así que ella se queda, y nunca tendremos que despedirnos. Porque despedirnos significa irse, e irse significa olvidar.
Y yo no quiero olvidar. No es eso lo que significa hacerse mayor.
Hacerse mayor es comprender que el niño que fuimos seguirá viviendo eternamente en Nunca Jamás, en nuestros sueños infantiles, y que no tenemos que forzarle a madurar, ni tratar de vivir esos sueños por él cuando ya hemos crecido demasiado.
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