Me dicen que no llore. Me dicen que sea fuerte. Me dicen que
siga adelante, que la vida continúa y yo con ella.
Que mi forma de ver el mundo cambiará, que esta situación
mejorara; que siempre mejora. Que lo que siento ahora no durará para siempre,
pero a mí me da igual que lo haga o que no.
¿Qué más me da, después de todo? ¿Qué me importa? Lo que
suceda en el futuro no es más que el resultado de lo que decida ahora. Y ahora
no sé qué decisión tomar. Porque no hay una elección correcta, no hay una
elección equivocada. No hay un camino bueno, todos parecen trazar un círculo y
desembocar aquí. En una nueva recaída.
Me digo que no puedo llorar. Que tengo que ser fuerte. Que
he de seguir adelante.
Canto a todo pulmón con el volumen de la música a cien,
(o todo lo fuerte que suena la música en mi móvil). Trato de desahogarme
escuchando la misma canción una y otra vez y escribiendo estas líneas en la
soledad acompañada que es mi cuarto.
La verdad es que quiero llorar. Que no quiero ser fuerte,
que es muy difícil. Poner buena cara por las personas que me importan, sin
llegar a comprender qué es lo que siento por dentro y sin saber cómo
afrontarlo. Sin saber con quién hablar, sin saber en quién confiar.
Contándoselo a todos y a ninguno, porque no hay nadie más a quién contárselo.
Supongo que no lloraré. Supongo que seguiré adelante, que me
levantaré de nuevo y buscaré otro camino, aunque sepa que volveré a caer.
Porque en eso consiste la vida. En caerse y levantarse. En
volver al principio, encajar la decepción y seguir buscando el camino correcto.
Y mientras tanto, nos tragamos las lágrimas y tratamos de ser fuertes porque
algún día tendremos que llegar.
Don't cry - Guns 'n Roses
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