Hay cosas que no se pueden expresar con palabras, les vienen demasiado pequeñas. A otras, sin embargo, las palabras les vienen demasiado grandes.
No sé si éste es el primer o el segundo caso, o puede que simplemente sea yo y mi imposibilidad de explicar mis sentimientos, y todo esto sea en realidad una pérdida de tiempo que se pueda resumir en una línea. Sea lo que sea, los hechos no cambian, y lo que me hacen sentir tampoco.
Quiero olvidarme de todo y enterrarlo bien profundo para que nadie lo vuelva a ver jamás. Quiero gritarlo a los cuatro vientos y que el mundo se entere de una vez por todas. Quiero no creerle y enfadarme. Quiero creerle y dejarme arrastrar por la marea. Quiero entender por qué me afecta tanto. Dejemos un segundo lo que quiero, no estoy sacando nada en claro.
Estoy dolida, no lo puedo evitar. También estoy enfadada. Conmigo misma, por dejarme embaucar. Con la otra parte por quererse aprovechar.
¿Y qué si al final es verdad? La persona que fue ya no está, nosotros mismos nos ocupamos de que así sea. Verdad o mentira, he comprendido que, hasta cierto punto, no necesitaba creerle para quererle, pero el engaño duele y no hay marcha atrás.
De modo que, en cierto sentido, ha muerto. Y con él ha muerto una parte de todos nosotros. ¿Qué nos queda ahora? Dolor.
Tratamos de seguir adelante como si nada, pero no lo hacemos. No podemos. Es demasiado cruel. No podemos hacer como si nunca existiera, pasar página no es arrancar la que ya habíamos escrito.
¿Qué podemos hacer entonces? Apechugar. Aceptar lo que ha pasado y seguir adelante. No olvidar pero tampoco recordarlo con rencor. Pasó porque tenía que pasar, y podemos aprender de ello.
"La vida viene a ser nació y murió. Son los pequeños detalles del camino los que marcan la diferencia, porque en realidad es siempre igual, siempre lo mismo". O algo así dice Neil Gaiman en uno de sus libros (lo he adaptado un poco). Este detalle puede marcar nuestras vidas, así que hay que atesorarlo y no arrepentirnos de ello. Sufrir es natural y es humano, y nos permite saborear mejor la felicidad que está por venir.
Me va a costar superar ésto. Es una herida que no termina de cerrarse, al contrario, parece abrirse más con cada segundo que pasa, y cuando apenas consigo quitármelo de la cabeza centrando mi atención en otra cosa puedo verlo acechando en los recovecos de mi mente; dispuesto a salir de nuevo a la luz, dispuesto a doler otra vez. Pero, como toda herida, terminará sanando, su cicatriz será sólo un recuerdo y aprenderé de ella.
Por último, como aspirante a escritora, me gustaría cerrar diciendo que un escritor es la suma de sus experiencias (Un invierno en la playa), tanto buenas como malas. Antes pensaba que yo no había empezado aún mi vida como escritora porque mis experiencias han sido bastante cortas y nada extraordinarias. Ahora puedo decir que mi carrera comienza.
Sé que os quiero y que nunca lo olvidaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario